Harry Potter y el Misterio del Príncipe – Análisis PSP

El juego es un port de Nintendo DS.

Es bueno recalcarlo, antes de entrar a valorar los aspectos positivos y negativos de la adaptación al videojuego de la película homónima, que nos hará disfrutar con las aventuras del “ya-no-joven” mago, Harry Potter. Debemos comenzar con el argumento que, evidentemente, es el mismo de la película y el libro. Desde la posición de lector la saga Harry Potter, obviando riqueza semantica u otros aspectos “técnicos”, se puede calificar de entretenida. Mucho, en realidad. Es fácil descubrise leyendo hasta altas horas de la madrugada para saber cual es el siguiente misterio al que se tiene que enfrentar el mago.

Para mi, las películas se encuentran varios escalones por debajo, tanto por calidad interpretativa, como, y aquí viene lo fundamental, por la forma de contar la historia. Es comprensible la dificultad de trasladar más de 400 páginas a 2 horas de cinta… pero, a mi modo de ver, esa traslación nunca ha sido satisfactoria. El ritmo narrativo en la película es mucho más rápido, y múltiples situaciones y palabras concretas quedan totalmente fuera de contexto. En definitiva, no se puede entender la totalidad de la película si no se ha leido el libro.

La principal lacra del juego es que, aún habiendo leido el libro, o cuando se estrene, visto la película, el juego es un compendio de situaciones deslabazadas en las que es imposible buscar la coherencia. La introducción, con un grupo de mortífagos, “salta” a la Madriguera, y de esta al expreso de Hogwarts, y de esta al colegio de magia… sin motivo aparente, más que el de quemar rápidamente hojas/minutos del libro/película. Y así, durante todo el juego, iremos “saltando” de situación en situación.

Dicho esto, es hora de enmarcar el juego. Quien busque un juego de aventuras, puede seguir buscando. Este “Harry Potter y el Misterio del Príncipe” (al menos en las versiones portátiles) es una aventura gráfica de toda la vida (tanto, que usa fondos prerenderizados). “Point&click”, solo que en el caso de PSP, ni haremos “point” ni “click”. En su lugar, manejaremos al mago con nuestra cruceta, y tendremos que emplear, básicamente, tres botones: X, que combinado con la cruceta nos permitirá realizar en un determinado contexto conjuros, y Cuadrado, para hablar con los personajes que pueblan Hogwarts. Por último, Select nos permitirá acceder a la Recodadora, la cual nos permitirá señalar en el mapa el siguiente objetivo (con ciertas limitaciones), ver el inventario, nuestra colección de cromos, y las pociones que tenemos.

El control, a falta de probar la versión de NDS, suponemos que funcionará sustancialmente mejor en la versión para la portátil de Nintendo. Sin ser desastroso, si que plantea algún problema a la hora de seleccionar objetivos para lanzar los hechizos… y con ello, entramos en otro punto oscuro de la propuesta jugable. Harry Potter es un pizzero en los bajos fondos de Brooklyn.

Explicación: típico de los sandbox, el término “pizzero” aplicado a los videojuegos designa una dinámica en la que el jugador debe ir de un punto a otro del mapa con el único objetivo de cojer algo o hablar con alguien para volver al punto de partida y repetir la operación. Pues bien, enlazando con el problema del desarrollo argumental, el juego nos obliga a involucrarnos en situaciones que… nos importan un bledo. Cero conexión con la historia (excepto casos muy contados). Cada bloque narrativo, además de lo mal contado que está, supone que un personaje nos mande a buscar “X” objetos que necesita para “vaya-usted-a-saber-qué”, haciendonos hablar con todos los personajes hasta dar con el que sabe donde está la persona necesaria (pudiendo así marcarla en el mapa), o simplemente, encontrárnosla fortuitamente.

Esa es solo la primera parte de la explicación. La segunda, los bajos fondos, viene porque parece que en Hogwarts todos los chavales son unos traficantes de cuidado (y Harry, un pringado). Siempre querrán algo a cambio del objeto que buscamos, por lo que tendremos que recolectar, buscando en plantas, armaduras o mobiliario, cromos, gobstones, cervezas de mantequilla o piezas de ajedrez. Eso en el mejor de los casos, porque normalemente nos tocará pasar por un “camello” para que nos cambie dichos “coleccionables” por el objeto que desee el extorsionador de turno: discos voladores, bumeranes…

Esta rutina es extremadamente repetitiva y anodina, pues al hecho de tener que andar de un lado para otro del castillo (que más que un colegio parece un mercado, porque nadie va a clase, ni siquiera Harry) tenemos que sumarle que, para hacer los intercambios, tenemos que tener suficientes cromos, piezas, etc. por lo que cada vez que entremos en una nueva estancia es imprescindible “registrarla” para conseguir el máximo número posible de objetos de intercambio. Lamentablemte, este sistema de “recolección”, unido al control, se hace demasiado pesado.

Para finalizar con el esquema jugable, encontraremos diseminados por todo el castillo diversos tahúres que nos permitirán participar en minijuegos muy simples: bolos mágicos, cartas (un “Memory”), gobstones (la petanca), duelos (muy, muy sencillos) y partidos de quidditch (con diferencia, el peor de todos, ya que el control y el acabado son nefastos, dignos de un juego flash malucho). Y por si no fueran de por si desesperantes los “paseos” que nos tenemos que dar por el castillo, los chicos de Slytherin (la casa rival de los Gryffindor, a la que pertenece Potter) nos retarán a duelos, que por suerte, si contamos con bombas fétidas, podremos eludir.

Si el análisis terminase aquí, nadie en su sano juicio compraría el juego (y no les culparía). Sin embargo, no es justo obviar un aspecto que por los foros se ha criticado ampliamente, y que sin embargo a un servidor le ha encantado: los gráficos. Como ya se ha mencionado antes, el juego hace uso de escenarios prerrenderizados, al estilo de los RPGs de PlayStation, o las aventuras gráficas estilo “Broken Sword”… este sabor añejo, dentro de la estandarización del 3D, aporta una visión refrescante y diferente a lo que estamos acostumbrados, y francamente, casa a la perfección con el tipo de juego que es este “Harry Potter y el Misterio del Príncipe”. Además, como efecto colateral, la duración de la batería se alarga, lo cual siempre es de agradecer.

El apartado sonoro, directamente importado de la versión de NDS, también es un punto oscuro. Apenas contaremos con 4 melodias, que para colmo de males no se adaptan a la situación mostrada en pantalla (da igual que sea una situación trepidante que un momento culmen, si toca el turno de cierta melodía, suena). Al llegar a las 4 horas de juego, posiblemente, la desactivemos (o la dejaremos muy bajita). Los personajes tampoco hablan, ni siquiera en las “cut-scenes” o momentos clave.

Parece que la balanza está claramente inclinada hacia el lado negativo ¿verdad? Pues… no exáctamente. A pesar de sus muchos (muchos) fallos, y que el juego no fue concebido para PSP (se nota)… es divertido. Me lo he estado pasando por las noches, de madrugada, para “hacer sueño” y en tandas de 2 horas el juego se hace querer. Más de ese tiempo seguido, es una tortura, y todos los fallos mencionados, unidos al cansancio, hacen mella. Pero sin duda, para mantener entretenidos a los niños (y no tan niños) en un viaje, es una buena opción.

El juego de una película, adaptación de un libro… Port de un sistema inferior, con multiples carencias y un precio algo elevado, pero aún con todo, entretenido. Ideal para sesiones cortas de juego.

Una aventura gráfica simplemente correcta pero que se deja jugar.

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